Somos más que un cuerpo físico.
Somos energía en movimiento, vibración consciente en forma humana.
A esta energía sutil que nos rodea, la ciencia moderna la llama campo electromagnético. Y en la sabiduría ancestral, se conoce como el Aura: un reflejo vibrante de quién eres, de lo que piensas, sientes y emites.
La física, terapeuta y sanadora, Barbara Brennan, ex científica de la NASA, estudió este campo y demostró que el aura tiene capas, estructura, frecuencia…Puede ser medida. Es real. Y está viva.
Las antiguas tradiciones místicas —como el Hinduismo— sabían esto desde hace milenios. Enseñaban que el ser humano está compuesto por varios cuerpos: físico, energético, mental, emocional y espiritual.
Y que el Pranamaya Kosha, o cuerpo de energía vital, es el que sostiene la vida y se expresa a través del aura, los chakras, y los nadis o meridianos.
El aura es, así, un puente entre el cuerpo y el alma.
Es una energía emisora —que proyecta tu estado interior— y es también una energía receptora —que absorbe lo que te rodea—. Personas, lugares, pensamientos, emociones...todo influye en tu campo. Y aunque no lo veas, lo sientes.
Porque cuando tu aura está limpia, clara, tú estás centrada, liviana, en paz.
Y cuando está cargada o fragmentada, sientes agotamiento, confusión o angustia sin saber por qué.
Proteger tu aura no es un lujo. Es una necesidad energética y hacerlo, puede ser muy simple y te invito a realizar este ejercicio:
Cierra los ojos.
Respira profundamente tres veces. Respira profundo y exhala lento.
Luego, visualiza una luz dorada que baja de lo alto y que empieza envolver todo tu cuerpo y luego, se aloja en tu corazón como un fuego suave. Con cada inhalación, ese fuego se enciende, disolviendo todo lo discordante en ti y con cada exhalación lo vas eliminando y cuando te sientas list@, di esta frase en tu interior: “Estoy protegid@ en mi luz. Solo lo que eleva mi energía puede acercarse a mí”. Quédate unos segundos en silencio…y siente cómo tu campo se limpia, se ordena y vuelve a vibrar en coherencia contigo.
Toma conciencia, al mismo tiempo, que tu realidad no sólo se crea desde lo que haces sino desde lo que vibras.
Tu aura es tu lenguaje silencioso.
Tu escudo.
Tu huella energética.
Cuídala. Respétala. Y sobre todo…llénala de ti.